Oficios de las máscaras absurdas; Jacobo Fijman

por Diego L. Monachelli. 

“Yo soy un muerto. Un muerto en vida.”

Jacobo Fijman

             Existen rituales silenciosos, perversos. Manos indiferentes que los llevan a cabo como un gesto banalizado por la rutina burocrática, por el alejamiento de lo esencial y desconocen esa larga e inextricable sucesión de hechos que culminan en un pie, en el dedo de ese pie, en el delgado hilo que lo circunda,  en el cartel que pende de él y tiende hacia el suelo y lo muerto retiene como último gesto de resistencia. La tinta insensible señala, sin decir nada acerca de la vida: Jacobo Fijman. 72 años. Muerto de edema pulmonar.

            “El viento tiene los pies desnudos… Los días llevan sobre su cuello la noche imperfecta de su muerte… La noche es la luz donde los muertos reposan su soledad… He sido el más ausente: el buscador de formas!… Del sándalo purísimo del sueño trabajaron la balsa de mi vida y todavía el muelle de mi ser bosteza… Los cielos mueven el puente de los días… Ahora vivo detrás de mí, ventana sobre los astros…”

            La ironía de los días había ejercido su capricho y él, que reclamaba en el verso “Yo soy un muerto. Un muerto en vida”, el 2 de Noviembre, el día de los muertos, de 1942 era internado en el por entonces llamado Hospicio de las Mercedes. La policía había allanado unos días antes el ático donde vivía sobre la avenida de Mayo. En él sólo encontraron dos carpetas con apuntes y dibujos, una caja de lápices, un centenar de libros, un peine y una única muda de ropa sucia. La comunicación de la internación decía:

Hospicio De Las Mercedes, 30 De Noviembre De 1942.

Tengo el agrado de dirigirme a V.S. para manifestarle que el sujeto JACOBO FIJMAN ha sido remitido por la Policía de la Capital Federal a este Hospicio, el día 2 de noviembre por hallarse afectado de alineación mental, la que fue diagnosticada de Psicosis Distímica-Síndrome Confusional.

En los límites inimaginables del Hospital Neuropsiquiátrico “Borda”, el propio Fijman diría: “Desde niño me llamaban El Poeta. Mi cuerpo se acostumbró a alimentarse del dolor… Esto no es ambiente para la poseía. Hasta ella se espanta en este sitio. Sí, estoy de paso. Veintiocho años que estoy de paso”.

 

“El silencio le ha puesto al viento un candado de horas”

Jacobo Fijmanhabía nacido el 25 de enero de 1898en Orhei, un pueblo de Besarabia (región entonces bajo dominio de la Rusia zarista, hoy perteneciente a la República Moldava). Su padre, Samuel Fijman y su madre, Natalia Fedora Súriz, junto a Jacobo y sus dos hijas Fedora y Aída, deciden emigrar a la Argentina huyendo de la persecución antisemita en 1902. Se instalan en Río Negro, en Choele-Choel. Su padre trabaja como colocador de vías ferroviarias. La familia vive en campamentos. Jacobo, el primogénito, inicia los estudios primarios pero, presionados por la situación económica, los Fijman se trasladan a Lobos, provincia de Buenos Aires. Por ese entonces el padre logra adquirir una tienda modesta. La economía es deficitaria y como consecuencia llega a la quiebra. Poco tiempo después, ya agonizante, el padre, ante la insistencia de su esposa para que le revele si tiene guardado algo de valor, le entrega una manzana.

“El corazón del mundo en nuestra boca”

La situación económica nunca mejoraría y en Mayo de 1910 Jacobo Fijman es enviado a Mendoza; al cuidado de parientes lejanos, donde comienza sus estudios secundarios; estudios que concluiría en Lobos. Luego abandonaría definitivamente a su familia, hacia 1917, y haría una breve escala en la Facultad de Filosofía y letras. Como autodidacta desarrolla una desbordante actividad; estudia filosofía, leyes, matemática, gramática, medicina, astrología y adquiere un gran conocimiento de griego, latín y francés. Sigue estudios en el Profesorado de Lenguas Vivas y egresa como profesor de francés, materia que luego enseñaría por escasos meses en el Liceo Nacional de Señoritas de Belgrano. Sin olvidar su gran afición a la música que lo lleva al estudio del violín. Instrumento que ejecutaría con gran destreza. De esta época datan sus primeros poemas, pero son años turbulentos, confusos y hundido en una oscura crisis emprende un viaje por todo el país, donde se gana la vida como músico ambulante. Lo guía el hambre y una imperiosa necesidad de búsqueda. Tiene 21 años. El próximo paraje es el Chaco Paraguayo. Allí se emplea como peón en un aserradero para su precario sostén.

A su regreso en 1921 a Buenos Aires Fijman se desempeña como periodista, pero los días le reservan crueles jugadas. Sufre un confuso episodio, es detenido arbitrariamente por la policía , maltratado y objeto de vejámenes, conducido primero al Instituto de Detención de Villa Devoto, luego al Hospicio de las Mercedes. Ingresa el 17 de Enero de 1921 y es dado de alta el 26 de julio del mismo año. Los castigos a que es sometido influirán decisivamente en toda su vida. Muchos años después le contaría acerca de esta extraña detención a Zito Lema, “Hace ya de esto muchos años. Yo era joven. (…) “Yo soy el Cristo Rojo” fue mi única respuesta a los golpes y me quedé quieto contra la pared…”

Los años venideros no son más benevolentes con él, la miseria lo acosa. Vive en Uruguay donde trabaja en una casa editora y desde Montevideo envía sus primeros poemas de juventud a su amigo Carlos M. Grünberg. Cuatro de ellos se publican en la revista Vida Nuestra (de la comunidad judía en Buenos Aires). Luego publicará en Noticias literarias (de Buenos Aires) su comentario ‘El lector de Bach’. Vuelve a la Argentina y se incorpora al grupo literario Martín Fierro.  Allí conoce a Borges, Girondo, Marechal, Macedonio Fernández, Pompeyo Audivert, José Planas Casas, Alfredo Bigatti, entre otros. Colabora en distintos periódicos y revistas: “Vida Nuestra”, “Mundo Argentino”, “Revista Número”, “Martín Fierro”, “Arx”, “Crítica”. Su obra poética recibe elogios públicos de Raúl Scalabrini Ortiz y Antonio Vallejo.

“Es muy larga la noche del corazón”

El 1º de setiembre de 1926 edita en Buenos Aires su poemario Molino rojo (editorial “El Inca”, 94 páginas, edición de 500 ejemplares. Reúne un total de 41 poemas), con xilografías de Pompeyo Audivert y José Planas Casas,  financiado en parte con la venta de las propias ilustraciones de Fijman. Este libro aparece en un momento de gran desequilibrio político y social. El título es inmediatamente asociado a los movimientos anarquistas y socialistas. Por el contrario, Fijman buscaba dos palabras que unidas representaran “esos estados del alma” donde habitaban los fantasmas, el espanto de su internación dentro del hospicio y la abominable postración de un hombre que hallaba en la demencia un instancia poética muy superior a la de cualquier mortal. Él mismo hablaría así de su libro, desde su última internación: “Molino Rojo recuerda la demencia, el vértigo. Yo buscaba un título para esa obra que significara mis estados y reparé en un molinito viejo que tenía en la cocina. De color rojo. Para moler pimienta. Y  vi en ese objeto todo lo que mi poesía quería expresar”

“En el sueño del padecer nacen albas”

A comienzos de 1927 viaja a Europa ayudado y en compañía de Oliverio Girondo y Antonio Vallejo. Del otro lado del Atlántico, el surrealismo, está en su apogeo. París es Reino de la Poesía, de la Cultura. Poco antes de su viaje a Francia, Fijman relata: “Un presagio me inquieta: si el barco naufragara en el camino a Europa sufriría dos tragedias: el cambiarme las medias y lavarme la ropa”. Llega a París y una noche conoce a varios de los precursores del nuevo movimiento. “Nos citamos para leer poemas, estaban Breton, Desnos, Eluard… Con Artaud nos conocimos en un café, en la Coupole. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el diablo. Y el Conde de Lautréamont era un loco perverso. Se había entregado a los vicios y hacía con ellos poesía”. Luego de esa estadía en Francia viaja a España, conoce la tumba de Don Quijote de la Mancha, de Sancho Panza y de La Gitanilla. Y le da la mano a Don Miguel de Cervantes y Saavedra, “que estaba lleno de telarañas pero no tenía mal olor”. Se hace amigo de Valle Inclán, a quien salva de un atentado y le regalaría un paquete de cigarros de las Islas Canarias.

El largo viaje parece concluir y envuelto en una gran confusión teológica regresa a Buenos Aires, poseído de una profunda crisis religiosa. Vive en la indigencia. “Sus bolsillos abultados, llevaban un rosario, un catálogo que reproducía las vírgenes del Louvre, y algunas estampas de santos”- narra el escritor Juan Bajarlía. Poco Tiempo después Natalio Botana, director del diario Crítica, convoca a los mayores exponentes del grupo Martín Fierro y junto a Enrique Pichón Riviere, dan forma a las columnas de arte y cultura. Por este entonces traba amistad, en “La Peña” del Tortoni, con Quinquela Martín y Alberto Pineta. Participa junto con Pompeyo Audivert en la reuniones de “Camuatí”, una agrupación de trabajadores de la cultura. Comienza a asistir con su amigo Mario Pinto a la iglesia de los Benedictinos y se vincula con escritores católicos con quienes comenzarán a publicar, en 1929, la revista Número: Ignacio B. Anzoátegui y Osvaldo H. Dondo, entre otros; Ese mismo año es bautizado en la Parroquia de San Benito, en Buenos Aires y convertido al catolicismo; escribe su segundo libro Hecho de estampas, publicado en Buenos Aires en 1930 (edición de 500 ejemplares. Manuel Gleizer editor. Reúne 15 poemas) y es bien recibido. En la revista católica Criterio, Tomás de Lara destaca su figura y obra poética: “Hablamos de poetas, como el autor de este libro, que en una atención tensísima se revela eso, un poeta; pero su poesía no se percibe a la luz del sol, fuerte y femenina a la vez, como debe ser; sino escondida en un salón, agobiada de joyas, de metáforas, de conceptos, casi ocultada”. El mismo Fijman decía de su libro: “En cuanto a Hecho de Estampas, yo trataba de volver a la filosofía escolástica. Y volver fundamentalmente a Aristóteles. Y en una visita al museo del Louvre quedé impresionado por los maestros clásicos, por su pintura religiosa. Cuando luego vi unas estampas de esos cuadros religiosos, las asocié a mis poemas. De ahí Hecho de Estampas”.

En 1930 aparece el primer aviso en la revista Número con el anuncio de la próximapublicación de San Julián el Pobre (cuentos), de J. Fijman, editado en la ‘’ColecciónSignos’’ de la editorial Número, edición no concretada. En junio colabora con la revista Ichthys y obtiene una cátedra de Francés, lo que le permitirá más tardey con sus propios ahorros, volver a Europa. Recorre Italia, España y Francia. Finalmente llega a Bélgica, con la ambición de tomar votos sacerdotales y dedicarse a la penitencia entre los benedictinos; pero es rechazado por la jerarquía Benedictina.

En el transcurso de 1931, edita, con el apoyo de Osvaldo H. Dondo, su tercer y definitivo libro, Estrella de la mañana (et dabo illi stellam matutinam). La Argentina es gobernada por la dictadura de José Félix Uriburu y la presencia militar en las calles es una constante. “El libro, corresponde a la época más oscura que he conocido en este país. La gente era perseguida de la manera prevista por el Apocalipsis”.

“Golpeamos llenos de horror las voces que enlazan palabras”

Durante la década que va de 1932 a 1942 publica dos poemas en el diario La Nación. Muere su madre, por quien Jacobo sentía profundo amor; el poeta asiste fugazmente al velatorio. Publica en la revista ARX su poema Letanía del agua perfecta. Escribe muy poco, pinta, vive en conventillos,  por las noches toca el violín en tugurios para poder subsistir y es paulatinamente absorbido por su misticismo. La vida del poeta se limita, según su testimonio y el de quienes lo conocieron, a intensos estudios y lecturas: escolástica, gramática, lenguas, teología y filosofía. Se entrega por completo al estudio de los maestros de la patrística griega y latina. Para ello asiste, en soledad, durante años y cotidianamente, a importantes bibliotecas de Buenos Aires, en primer lugar la Biblioteca Nacional. Sí, concurría asiduamente a la Biblioteca Nacional Argentina hasta octubre de 1942, cuando el director de la misma, Gustavo Martínez Zubiría, decidió prohibirle la entrada aduciendo que se había dirigido de manera irrespetuosa y violenta al personal. Atacado por una de sus crisis, deambuló varios días por la ciudad, y su comportamiento errático llevó a que la policía allanase el ático en que vivía sobre la Avenida de Mayo. Lo detienen y es llevado a la cárcel de Villa Devoto, donde permanece dos días. Hambriento, sin familia, sin amigos y en una crisis espiritual total, Fijman es internado por segunda y definitiva vez en el Hospicio de las Mercedes, con diagnóstico de Psicosis Distímica, Síndrome Confusional. A pesar de todo, sobreponiéndose a todo, pinta y dibuja con mayor asiduidad, desarrollando una obra de singular importancia; y continúa con su poesía; alcanzando con ella estados que casi no admiten comparación en la literatura americana. Desde entonces vivirá allí hasta el día de su muerte. Durante esta internación y como era buena costumbre para la salud de los internos  sufre la aplicación de electroshock. Fijman, mucho tiempo después, ironizaría: “Me aplicaron electroshock. Se ve que querían sacarme la enfermedad del cuerpo”. Unos ocho años después, hacia 1950, es trasladado sin consideración alguna a la siniestra Colonia de Alienados ‘‘Open Door’’. Permanecerá en esta colonia dos años hasta que el psiquiatra Jorge Saurí y Osvaldo Horacio Dondo, amigo de Fijman, lo retiran de la colonia «Open Door» y lo llevan de regreso al Neuropsiquiátrico ‘‘Borda’’.

En el año 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y al escritor Macedonio Fernández en su mítico libro, Adán Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler. En el comienzo de la obra nos ofrece un perfil de filósofo parodiando las Vidas de filósofos ilustres de Diógenes Laercio y escribe: “Bien que su padre fuera sólo un discreto remendón de violines y su madre apenas una dulce tejedora de cáñamo, Samuel Tesler afirmaba descender en línea recta de Abraham el patriarca y de Salomón el rey, y cuando alguno ponía en duda el carácter sacerdotal de su estirpe, exhibía su frente rugosa en la que juraba y perjuraba sentir los dos cuernos de los iniciados. Un lustro apenas tenía cuando emigró con su tribu y sus dioses a las tierras del Plata, donde creció en fealdad y sabiduría, recorrió paisajes, tanteó caracteres, estudió costumbres, y gracias al más asombroso de los mimetismos llegó a considerarse un aborigen de nuestras pampas, hasta el extremo de que, mirándose al espejo, solía preguntarse si no estaba contemplando la mismísima efigie de Santos Vega”. Fijman fue uno de los pocos personajes que Marechal reconoció como fuente de inspiración para componer los personajes del Adán Buenosayres. Al respecto afirmaba: “Quise incorporarlo a la mitología de nuestra ciudad, junto al Xul Solar, señalando su categoría de héroes metafísicos, es decir, en un nivel superior del mito”. También en 1985 una semblanza póstuma lo recordaría como Jacobo Fiksler en la novela El que tiene sed, de Abelardo Castillo.

El 3 de enero de 1953 Lisardo Zía publica en el diario Clarín la primera recordación pública que se hace del poeta después de casi dos décadas de silencio. Luego, entre 1957 y 1959 también es recordado en notas periodísticas de Juan Carlos Ghiano, León Benarós y Alberto Pineta.

A fines de la década del 50 y en la del 60 Fijman (que hace esporádicas salidas para pasear, visitar a conocidos y concurrir a bibliotecas) entrega dibujos y originales de sus poemas a algunas personas: Osvaldo H. Dondo, Lisandro Z. D. Galtier, Juan-Jacobo Bajarlía y la bibliotecaria Larisa Danzini, entre otros. En 1962 y en 1964 es incluido en dos importantes antologías poéticas, y por fin en 1966 Lisandro Z. D. Galtier publica en la revista Testigo dos poemas inéditos de Fijman, los primeros después de tantos años de silencio. Una publicación psiquiátrica hace lo propio con otro poema en 1968.

“Bajo a mi oscuridad y avanzo entre mis brazos… Arranco vísperas de muros inclinados”

A partir de este mismo año, la vida del poeta, quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores. “Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso, digno. Además va a estar ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó”. Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa. En 1969, un grupo de personas, encabezadas por el joven tutor del poeta, edita el primer número de la revista Talismán, íntegramente dedicada a “Jacobo Fijman, poeta en hospicio”, y  así se inicia la tarea de divulgación y rescate de la obra del poeta quien a pesar de su total lucidez y capacidad intelectual, sigue siendo considerado “incapaz” por la justicia. “No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz. Quiénes son mis jueces… Quiénes responderán por mí. Hice conducta de poesía. Pagué por todo”.

También a mediados de ese año aparecen en la revista Extra, propiedad del periodista Bernardo Neustadt, una serie de notas firmadas por el propio Fijman. La dictadura de Onganía agoniza, la idea de una Argentina más próspera es sólo una ilusión y la violencia recrudece. Al año siguiente, Fijman es invitado al programa de televisión “La Ciudad Creadora”, emitido por Canal 7. Lo acompaña, entre otros el actor Federico Luppi. En un momento dado sucede algo impensado. Fijman alza la vista, acaso como si hubiera visto la luna que tanto amaba, y dice: “Tengo que contar un secreto que llevo toda la vida conmigo”. Las cámaras lo buscan, quieren el mejor plano. Hay expectativa, y como un golpe en pleno rostro, afirma: “todos los domingos, en misa, los sacerdotes comen mierda”. El silencio recorre el estudio y la tensión se hace insoportable. El poeta acaba de propiciar la más fulminante declaración escuchada, por aquellos años, en un medio del Estado. Y lo sabe. Como también es consciente de que la muerte está a pasos de hacerle la última zancadilla “¿Se ocupará de mi cuando muera? Sáqueme a toda prisa de la morgue. No dejen que me destrocen. ¿Me lo promete?”- le suplica a su amigo Vicente Zito Lema quien en 1970 publicaría “El pensamiento de Jacobo Fijman o El viaje hacia la otra realidad.”

 Martes 1º de diciembre de 1970

Jacobo Fijman muere en el Hospital Nacional Dr. José T. Borda, ex Hospicio de las Mercedes, como consecuencia, según el parte oficial, de un edema pulmonar agudo. Es velado, con la presencia de unos pocos amigos, en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores.

“Poeta”, Jacobo Fijman, como dijeron las necrológicas de aquél entonces; hombre al que es difícil contemplar separadamente de su propia obra, un asceta que vivió para el verbo y que tras los 28 años de internación y de los terribles obstáculos que esto suponía, continuó escribiendo, dibujando y pintando. Un hombre que sólo dejó tres libros publicados, un cuaderno con dibujos, lo que llevaba puesto y mucho por contar.

“Mi soledad es pura,

como un desierto

lavado en estrellas;

alta cual la montaña

en que resbalan mis espantos”

“La vida de Jacobo Fijman ha sido una constante peregrinación hacia Lo Absoluto. Su original obra lírica permanece en armonía con sus ideales espirituales; lo que pone en duda el grado de su presunta insania”.

Para esta breve cronología (de la que se omitieron muchos detalles) se han consultado y utilizado:

  • Molino Rojo, Jacobo Fijman: Publicado el 1 de septiembre de 1926. Editorial “El Inca”, 94 páginas, edición de 5oo ejemplares. Reúne un total de 41 poemas.
  • Hecho de Estampas, Jacobo Fijman: Escrito en 1929, durante su estadía en París. Publicado en Buenos Aires en el año 1930. Edición de 500 ejemplares. Reúne 15 poemas.
  • Estrella de la Mañana, Jacobo Fijman: Publicado a mediados de noviembre de 1931 por la Editorial Número. Edición de 500 ejemplares. Reúne un total de 42 poemas.
  • Textos diversos de: Centro Jacobo Fijman, Vicente Zito Lema, Jacobo Bajarlía, Revista Talismán, Inmaculada Decepción, Leonardo Iglesias, Marcelino Alvarado, Crónica Literaria, Carlos Ricardo.

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