Verticalizar el horizonte o La casualidad no teje sola. Jorge Ledesma


por Diego L. Monachelli

 El mismo año en que mueren Luis Cernuda, José María Gatica “El Mono”, Jean Cocteau, por extraña simpatía, también lo hacen C.S. Lewis, Aldous Huxley y J.F. Kennedy (como bien es sabido este último asesinado, pero a los tres le sucede la muerte el 22 de Noviembre). El mismo año en que Arturo Humberto Illia da las primeras señales de gobierno, gobierno que sería destituido por el golpe militar a manos de Onganía, y en el que hace aparición el primer Ford Falcon Argentino, emblema de atrocidad. Ese año, en el que nace Fito Páez, los Beatles graban Please Please Me y With The Beatles, y se publica Rayuela, de Julio Cortázar; un hombre, atribulado por las desavenencias de la vida y en protesta hacia ella, se trepa desnudo a un farol en pleno Buenos Aires, en la esquina de la Confitería Ideal, Corrientes y Suipacha. A 1963 sólo le resta un día para agotarse por completo. Aquél 30 de Diciembre, unas horas, y esas horas restantes, y el resto del año, el hombre desnudo, lo pasará en la cárcel.

Jorge Ledesma protesta contra la vida y sus desventuras. En 1961 la editorial Myne de Barcelona premia su cuento “La casualidad no teje sola”. Pero el texto es declarado pornográfico por el gobierno de Franco, la obra es destruida, y el autor debe devolver el dinero. La misma casa editora desiste por ello de publicar su novela “Yo destruí el mundo en 1946”. Giácomo Feltrinelli[1] se decide por ese entonces a editarla en Italia pero desgraciadamente muere víctima de una explosión cuando intenta sabotear una torre de alta tensión cerca de Milán. En 1963, la Editorial Kraft galardona esta novela con una recomendación, pero no llega a editarla, la quiebra económica se les adelanta. Casi veinte años después Jorge Ledesma lograría editar su primer libro.

Cartas espantosas a mi maestro apareció en 1981 y es una singular amalgama de admiración y reconocimiento, destilada con refinada ironía y gran espíritu combativo, hacia Ernesto Sábato. Este, en Abaddón el exterminador, incorpora a Ledesma como personaje con sus propios textos que, en su metafísica, en nada difieren con el discurso del propio Sábato.

En una de sus tantas tardes ociosas de la primavera de 1985 Jorge Ledesma recibe, en su domicilio, una carta de citación para un juicio en el que él mismo es uno de los acusados. Entre otras argumentaciones, la carta declara:

“Los Hermanos Mayores juzgamos con fuerza de sanción:

– Arte: Disciplina de seres desgraciados tendientes a recrear, exaltar y criticar lo que posteriormente comercializan en el mercado. El artista es un comerciante disfrazado. La espiritualidad está regulada por la oferta y una demanda prefabricada.

Ciencia: Disciplina de seres desgraciados que no saben lo que hacen. En ella se agrupa el mayor número de ignorantes. La medicina no busca la salud sino la enfermedad controlada, pues la falta de enfermos la haría desaparecer. También la ciencia está regulada por una oferta y una demanda prefabricada, la mayor parte de las veces con fines de exterminio irracional.

Religión: Disciplina de seres desgraciados tendientes a crear miedo y culpas para que la gente pague en la tierra su terrenito en el cielo. Dios fue creado por el hombre a su hechura y semejanza, razón por la que no nos hacemos cómplices de semejante hechura y tamaña semejanza.

 Los Hermanos Mayores.”

 Este era sólo el comienzo de la perplejidad ante El juicio de los animales. En el transcurso de dicho juicio, luego de atravesar extraños pasillos y ser conducido a una de las multitudinarias celdas del Palacio de Justicia[2], Ledesma no sólo se encontraría al propio Sábato condenado, sino también a muchas otras personas de renombre mundial, contemporáneos e incluso algunos que debieron ser arrancados de los dominios de la muerte.

De estas circunstancias, y de las que nacerían con el transcurrir de los años, la siguiente sería en 1988, Acuso al invasor, siempre ilustradas por Mildred Burton, una artista plástica nacida en Paraná, Entre Ríos.

En 1990, en Adiós al árbol Ledesma nos cuenta: “Como periodista del semanario de Villa Tesei La Estrella me encomendaron la tarea de hacer la crónica de lo sucedido en la trágica mañana del 28 de Diciembre de 1988. Dividido en sus opiniones, el barrio justificaba o reprobaba el crimen cometido por la policía y algunos vecinos de la villa. El asunto parecía sencillo y común…

Bastaría decir que en forma accidental la policía había dado muerte a un tipo por una disputa entre vecinos…

No fue así. Apenas comencé a hurgar en la vida y en los papeles de la víctima, llamada el Indio Jerónimo, fui comprobando que allí, aunque en un plano ecológico, se había cometido algo tan espantoso como la Noche de San Bartolomé. El racismo, la intolerancia y la violencia signaron de sangre el 28 de Diciembre de 1988, igual que aquel lejano 24 de Agosto de 1572 cuando el catolicismo asesinó a cuanto protestante halló a su paso.”

En 1997 edita el libro El hombre zanahoria. Y es por estos años cuando se le pierde la certeza del rastro.

Jorge Ledesma, el hombre que logró verticalizar el horizonte en su despiadada y áspera disconformidad, en su ejercicio mal retribuido de observar el mundo de los hombres tal como es y denunciarlo sin ambages.


[1] Editor italiano, el mismo que intercedió en Bolivia por la libertad del escritor francés Regis Débray. El mismo que vendió un millón de ejemplares del afiche con la emblemática imagen del Che Guevara -a cinco dólares cada uno- en menos de tres meses e inmediatamente después de su muerte, y de los que Alberto Korda, quien se la había obsequiado a pedido de Feltrinelli, no cobró nunca un centavo.

[2] El Palacio de Justicia de la ciudad de Buenos Aires es una replica exacta en todos sus detalles de un castillo francés construido por el arquitecto Maillart, pero con una salvedad: el terreno donde fue emplazado sólo tenía la mitad del espacio necesario, por lo cual existen en él pasillos que son callejones sin salida, escaleras que llevan a ningún sitio y algunos otros detalles menores.

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Literatura

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  1. Angel López Torres

    Felicidades Diego por tu artículo. Muy interesante… Siempre es agradable leer y aprender!
    Espero tus próximos escritos.
    Un abrazo muy fuerte y ánimo con el blog y todas las cosas buenas que lleves entre manos!
    Angel.

  2. mod

    Vaya, has hecho que quiera saber, del saber bueno…
    buscaré en la biblioteca, a ver si doy con él
    buscaré a Ledesma, Gracias Diego, suerte con todo, abrazos

    Mod

    ( Ledesma desnudo, iba a tomar una ducha de luz, ¡claro!)

    También has hecho que comience en wordpress
    pues al parecer para comentar, es necesario.
    Sigo con el plan de búsqueda, confío en la red de bibliotecas de la Generalitat

    ya te contaré

  3. Gracias Ángel; gracias Mod. Y a todos los que en privado me han hecho saber de la lectura y disfrute de este mínimo recomponer una historia. Ya saben de mis intermitencias (publicas), de mi guerra constante contra ellas. Espero salir victorioso en este devenir.
    Un gran abrazo a todos.
    Diego.

  4. Gracias Ángel; gracias Mod. Y a todos los que en privado me han hecho saber de la lectura y disfrute de este mínimo recomponer una historia. Ya saben de mis intermitencias (públicas), de mi guerra constante contra ellas. Espero salir victorioso en este devenir.
    Un gran abrazo a todos.
    Diego.

  5. Romina Aizpún

    Me encanta la idea de poder leerte periódicamente!! Un beso grande y quedo a la espera de más artículos. Este me pareció muy interesante.

    Romi

  6. Isy

    Muy interesante tu artículo Diego, felicidades!

  7. Muchas gracias Isy. Sigo lamentando mis intermitencias en el medio, pero pronto está el día y espero que lo sepan comprender.
    Un abrazo.

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